Miedos nocturnos: monstruos, oscuridad y cómo acompañarlos

Miedos nocturnos: monstruos, oscuridad y cómo acompañarlos

Llega la noche y, con ella, el desfile de miedos: el monstruo del armario, la sombra de la pared, el ruido que no se sabe de dónde viene. Los miedos nocturnos son una etapa normal del desarrollo infantil, sobre todo entre los tres y los seis años, cuando la imaginación crece más rápido que la capacidad de distinguir lo real de lo inventado.

Por qué aparecen

A esta edad, el niño ya imagina con todo detalle, pero todavía no sabe del todo qué es posible y qué no. Por eso un monstruo bajo la cama le resulta tan real como el perro del vecino. No está exagerando ni manipulando: siente miedo de verdad. Entenderlo así cambia por completo la forma de responder.

Qué ayuda

  • Toma el miedo en serio: "no seas tonto, no hay nada" cierra la puerta; "veo que tienes miedo, estoy aquí" la abre.
  • Una luz tenue y la puerta entornada dan seguridad sin crear dependencia excesiva.
  • Una rutina tranquila antes de dormir, sin pantallas ni historias que asusten.
  • Un peluche o "guardián" que le acompañe le da una sensación de control.

Ni reírse ni alimentarlo

Hay un equilibrio delicado. Restar importancia al miedo hace que el niño se sienta incomprendido; pero entrar demasiado en el juego (revisar el armario cada noche con un espray "antimonstruos") puede reforzar la idea de que el peligro es real. Lo mejor es acoger la emoción con calma y transmitir seguridad: "Esta es una casa segura y yo estoy cerca".

Cuándo es algo más

Los miedos puntuales son normales y pasan con el tiempo. Pero si el miedo es muy intenso, se prolonga durante meses, impide dormir cada noche o aparece de día limitando su vida, conviene consultarlo con el pediatra. En la inmensa mayoría de los casos, sin embargo, solo hace falta paciencia, presencia y dejar que la etapa siga su curso.