Llueve, los niños llevan dos horas dando vueltas por el pasillo y la tentación de encender la tele "un ratito" que se convierte en toda la tarde es enorme. Los días encerrados ponen a prueba la paciencia de cualquiera, pero la casa da mucho más juego del que parece si uno tiene unas cuantas ideas a mano.
Convertir la casa en otro sitio
Lo que para un adulto es el salón de siempre, para un niño puede ser una cueva, un barco o un castillo. Una manta sobre dos sillas se convierte en cabaña; unos cojines en el suelo, en un río de lava que no se puede pisar. El juego simbólico no necesita material caro, solo permiso para imaginar y un poco de desorden tolerado.
Ideas que funcionan
- Búsqueda del tesoro con pistas por la casa, adaptada a su edad.
- Cabañas y fuertes con mantas, sillas y cajas de cartón.
- Cocina en familia: hacer galletas o pizza entretiene y termina en merienda.
- Manualidades sencillas: pintar, recortar, construir con material reciclado.
El aburrimiento también es bueno
No hace falta tener cada minuto programado. Dejar que el niño se aburra un rato, sin acudir al rescate con una pantalla, es uno de los mejores regalos para su creatividad. Del aburrimiento nacen los mejores juegos inventados. Si resistes la primera queja, muchas veces el niño acaba enredado en algo que se ha inventado solo.
Moverse aunque sea dentro
Un día sin salir no tiene por qué ser un día sin moverse. Circuitos por el pasillo, bailar canciones, juegos de imitar animales o pequeñas pruebas de equilibrio descargan la energía que, si no, acaba saliendo en forma de peleas y nervios. Media hora de movimiento puede salvar una tarde lluviosa entera para todos.