El chupete es un gran aliado los primeros años: calma, consuela y ayuda a dormir. Pero llega un momento en que toca decirle adiós, y ese paso genera dudas y, a veces, alguna lágrima. Como en casi todo lo relacionado con la crianza, hacerlo de forma gradual y respetuosa funciona mucho mejor que un corte brusco.
Cuándo retirarlo
No hay una fecha única, pero los especialistas suelen recomendar ir dejándolo a partir de los dos años y, en general, antes de los tres, sobre todo para no interferir en el desarrollo de la boca y los dientes. Más que la edad exacta, conviene elegir un buen momento: una etapa tranquila, sin otros cambios grandes como una mudanza, un hermano nuevo o el inicio de la guardería.
Estrategias que ayudan
- Reducir poco a poco: primero solo para dormir, luego solo en casa, hasta retirarlo del todo.
- Dar un sentido al adiós: regalarlo a un bebé, dejarlo a un personaje querido, cambiarlo por algo especial.
- Reforzar lo positivo: destacar lo mayor que se va haciendo, sin ridiculizar ni avergonzar.
- Ofrecer otro consuelo: más mimos, un peluche, presencia en los momentos en que más lo buscaba.
Acompañar la emoción
Para muchos niños, el chupete no es un capricho, sino una fuente de seguridad. Quitarlo puede generar cierta angustia, sobre todo a la hora de dormir. Por eso conviene compensar con más cariño, paciencia y comprensión durante los primeros días. Reconocer que le cuesta ("sé que echas de menos tu chupete") le ayuda más que restarle importancia.
Constancia sin presión
Una vez tomada la decisión, lo mejor es mantenerla con cariño pero sin volver atrás a la primera dificultad. Dárselo de nuevo "solo por hoy" cada vez que llora alarga el proceso y confunde al niño. Eso sí, si se ve que no es el momento porque coincide con una etapa difícil, no pasa nada por posponerlo unas semanas. La clave es elegir bien el momento y, entonces, ser constante.